martes, 8 de diciembre de 2009

Cosas que piensas






Carta abierta a mi amigo, Paco Martínez
En esta nueva etapa de tu vida, probablemente la más difícil, has decidido escribir y compartir con tus amigos esas “cosa que piensas” a lo largo de tu lucha, previsiblemente larga, para vencer la enfermedad que se te ha declarado y que estás afrontando con una fuerza, determinación y presencia de ánimo verdaderamente admirables; estoy convencido de que tu actitud es uno de los elementos que coadyuvará, junto a todo el protocolo médico –hoy en día muy avanzado- a que salgas victorioso de la dura pelea en la que te encuentras.
Como ya te dije, creo que es un buen ejercicio para ti mismo el escribir esas reflexiones e incluso las sensaciones y emociones que irán surgiendo paulatinamente; por mi parte, quiero acompañarte en un intercambio epistolar que comente, comparta y, en la medida que mi escaso talento me lo permita, amplíe esas percepciones y te sirva, al menos de entretenimiento, a lo largo de todo ese camino.
A ello voy, querido amigo. Dices de tu primer día, que recibiste unas grandes dosis intravenosas de medicamentos que venían derivados de la ingeniería genética y que se habían demostrado de indudable eficacia; tu reflexión acerca de las carencias de inversiones en Investigación y Desarrollo son totalmente acertadas y sólo te diré que, quizás, el ejemplo comparativo que ponías no era el más adecuado; no es indispensable llegar media hora antes a ningún sitio, pero sí lo es tener una carreteras seguras, fiables y no congestionadas; pero el impresionante derroche que nuestro mundo hace hoy en cosas accesorias y superfluas es vergonzoso; por ejemplificarlo de una forma más amplia que la pequeña localización en un país, te daré algún dato a nivel mundial; el mantenimiento –no cuento siquiera la construcción- de la estación artificial de nieve de Dubai, con la temperatura exterior de 40º y la interior a -1º, cuesta, diariamente, 1.500 barriles de petróleo; el coste de cada soldado norteamericano en Afganistán supone un millón de dólares anuales -30.000 soldados, 30.000 millones-; cada 6 segundos muere en el mundo un niño por carencia de medicamentos y vacunas que costarían menos de 2 dólares; nada de esto nos es ajeno, pues de una forma un otra nos afecta y nos determina.
España tiene 17 parlamentos con sus correspondientes diputados, más coches oficiales que Alemania y Francia juntas, el dinero de todos es dado a los bancos para paliar sus cuentas, estamos viendo ejemplos permanentes de corrupción, abusos y mientras tanto… llegada la “crisis” –que los poderosos ocasionan- son los presupuestos para asuntos de verdadera importancia los que disminuyen.
Es evidente, amigo, que no vivimos en el mejor de los mundos. Quizás, el vernos afectados directamente mueve nuestro pensamiento en la dirección correcta y comprendemos la injusticia, el desamparo y los desequilibrios con los que convivimos. Pero el pensamiento sin la acción se pierde en la conciencia; bien es cierto que es el primer paso, pero de nada sirve si no actúa como motor para cambiar las cosas. Aunque pensemos que poco podemos hacer, como me dijo otro querido amigo, “entre hacer algo y no hacer nada, hay un mundo”. Nuestra actitud, nuestras valoraciones y nuestros votos no debemos dirigirlos a defender nuestros intereses, sino a los intereses generales que son los únicos verdaderamente nuestros.
En tu segundo escrito, te refieres certeramente a lo que acabo de decirte. Valoras el empuje de los médicos jóvenes y también el asesoramiento de los de más edad; en definitiva, es la suma de vigor y conocimiento -que debería primar en cualquier actividad- la que da los frutos verdaderamente estimables.
No es cierto, Paco, que ante la enfermedad todos seamos iguales; todos los días vemos evidencias de esas desigualdades; lo que sí es cierto, es que tu caso y los que pertenecen a ese ámbito, están priorizados por su importancia y reciben un tratamiento especial derivado de uno de los mayores logros sociales –en eso estamos de acuerdo- que se llama Seguridad Social. Personalmente es de las cosas que más orgulloso me hace sentir del país en el que vivo; que por el hecho de ser un ciudadano español se tenga derecho a una protección médica universal, es de un alcance social y ético verdaderamente envidiable. La sanidad y la educación nunca deben salir de las manos del Estado, lo que no implica que no pueda haberlas privadas; la sanidad privada cumple su función y, en mi opinión, debería contener exenciones fiscales para, precisamente, descongestionar lo público de dolencias sin importancia y dedicar más recursos tanto a investigar como al bienestar general.
Tú estás recibiendo los beneficios que proporciona algo “hecho entre todos” y que es lo único verdaderamente valioso; lo que juntos, como sociedad, somos capaces de hacer por los demás.
En cuanto a lo que dice nuestro común amigo solo añadiría un matiz; en la vida debemos luchar por algo pero nunca contra nadie, a excepción de “esos malos bichos” que tú tienes y que van a recibir su merecido.
Un fuerte abrazo amigo.