Dear Mr. Jobs:
Recuerdo con entusiasmo el primer aparato de Mac que cayó en mis manos. Fue un iPod clasic de 16 Gb. que, con la mayor ilusión del mundo, me regalaron mis hijos en Navidad. Habían tenido muchas dudas pues, hasta ese momento, yo era un usuario de Windows circunscrito al ámbito laboral y apenas había utilizado la informática con fines lúdicos, culturales o formativos.
- ¿Le gustará?, ¿Lo usará?, se preguntaban acerca de un regalo que les había costado su buen dinero y esfuerzo.
Abrí el paquete y me maravilló la perfección tanto del envase como del objeto que allí se encontraba; era la sencillez como expresión de elegancia, y nada más tenerlo en mis manos me produjo la sensación de que aquello, a pesar de los millones de unidades vendidas, me trasladaba la emoción de un ejemplar único.
Mi hija, que por sus estudios y profesión estaba absolutamente familiarizada con Macintosh, era la más convencida del acierto y que a poco que lo utilizase me iba a satisfacer. Como decía, ella hacía cinco años que había empezado la carrera de Diseño Gráfico en la prestigiosa Escòla Eina de Barcelona. Recuerdo que en mi primera visita al centro para comprobar su calidad docente, por todos alabada, había visto la sala de ordenadores, con unos cincuenta aparatos redondeados y de colores, en los que se podía distinguir la famosa “manzanita”. Tanto ella como los profesores me dijeron que para trabajos de alto nivel –diseño, arquitectura, ingeniarías, etc.- todos los profesionales utilizaban Macintosh, cuyo software y hardware era muy superior a Windows; la verdad es que allí se respiraba rigor y calidad.
A pesar del notable precio y con la predisposición de todos los padres a que sus hijos dispongan de los mejores elementos para su formación, le compramos, ya en el primer curso, un Macbook.
- Papá, a ti este aparato te encantaría… me decía, sin prestarle yo demasiada atención pues, insisto, para mi era sólo una herramienta de trabajo.
Todo lo que ella pensaba se corroboró con el regalo mencionado del iPod. Me descubrió un sinfín de posibilidades, especialmente en el mundo de la música –una de mis debilidades- y que me ha proporcionado momentos de inmensa felicidad. Toda mi discografía dentro de ese maravilloso aparato, con un nivel de calidad y facilidad de uso que hizo que, desde el primer momento, lo utilizara permanentemente. El conocimiento de la biblioteca de iTunes y la posibilidad de adquirir discos y temas independientes, en muchos casos descatalogados, me proporcionó un abanico de opciones de las que sigo disfrutando. Las mañanas de primavera en mi terraza, tumbado en la hamaca al sol y escuchando íntimamente “mi música” en “mi iPod” se convirtieron, desde entonces, en uno de mis momentos más plenos y satisfactorios.
Creo que su mayor acierto, Mr. Jobs, no fue crear un buen reproductor de Mp3, sino lograr una pieza que combina utilidad, perfección y belleza y consigue que el usuario la sienta como algo propio y digno de ser estimado. Sin dudar de los aspectos afectivos que rodean a “mi iPod”, si desgraciadamente lo perdiera, otro exactamente igual, no sería lo mismo. Y en esto, además de mis hijos, hay un mérito suyo.
Posteriormente, comencé a interesarme por todo el mundo que rodea a Apple y por su persona, llegando a mis manos la famosa conferencia que usted dio en la Universidad de Standford y que recuerdo como algo memorable; tanto la sencilla descripción de su vida, autosuperación y búsqueda permanente, como los hitos dolorosos que le acaecieron y afrontó con enorme fortaleza, me produjeron una notable admiración.
¡A cuántos amigos les envié el link de Youtube para que pudieran disfrutar de esa magistral intervención! Debo confesarle que, a pesar de que los años conllevan que toda admiración tenga sus limitaciones y te despoja de ser incondicional de nadie, me emocionó aquella conferencia; los valores que desprendían de esfuerzo, sacrificio, superación, búsqueda del camino propio, tesón e idealismo, me parecieron un ejemplo que todas las personas que aprecio debían conocer.
Al mismo tiempo, se me revelaban las claves de su éxito y que básicamente consistía en buscar la excelencia que su propia exigencia demandaba, sin estar condicionado por la comercialidad ni por el logro fácil y rentable. Mientras otro sistema operativo se hacía prácticamente con el control mundial, usted seguía buscando lo mejor y lo más bello, ajeno a la vulgaridad y con la ambición de crear lo mejor.
La obra intrínsecamente bien hecha, que busca prioritariamente la satisfacción personal antes que cualquier otro reconocimiento, siempre mereció mi admiración.
En las pasadas navidades y con un nuevo esfuerzo, este muy notable, mis hijos me regalaron un blanco y precioso Macbook; la ilusión que habían puesto en él, sólo se veía levemente velada por mi posible reacción ante un exceso que temían podía considerar inadecuado para sus posibilidades. Nadie debe censurar nunca la generosidad, y yo no lo hice. En este caso me embargó más la emoción de su estima que superó ampliamente la maravilla de su regalo.
A partir de ese momento, esta máquina se convirtió en otro pozo de satisfacciones; la he dedicado única y exclusivamente a temas de carácter privado, lúdico y cultural y al desarrollo de todo lo que suponga tanto un gozo personal como una herramienta de autoexpresión.
No me voy a extender más en las bondades y calidad del producto pues repetiría las alabanzas de ese primer iPod.
Pasado bastante tiempo llegó a mis manos el suplemento dominical de un diario, en el que se entrevistaba a uno de sus importantes ejecutivos y que hacía referencia al “mundo Mac” y a la empresa Apple; en él se comentaba la metodología de trabajo, el espíritu y las maneras de la empresa; los compartimentos estanco de investigación, el secretismo en las diversas secciones y su fiscalización personal de todas las áreas, no llamaron demasiado mi atención pues es obvio que una empresa pionera y avanzada debe ser muy sensible a las fugas y al espionaje industrial y, en consecuencia, el control sobre la propia información es de vital importancia.
Pero también se hacían menciones extrañas; “Mr. Dios”, absoluta sublimación de sus opiniones, menús dietéticos establecidos, vegetarianismo, indumentaria determinada y otros aspectos que me causaron una cierta inquietud y malestar. Parecía que los colaboradores de Apple debían responder a unos patrones que abarcaban más allá de la vida laboral. Tuve la impresión de que más que pertenecer a una casta –lo que en sí mismo es deplorable-, pertenecían a una secta –lo que me resulta repugnante-. Por decirlo de forma clara, se me desmontaba esa positiva imagen consecuencia de la soberbia conferencia de Stanford.
He de decir que he tenido experiencias empresariales en las que la prepotencia de los altos cargos ha pretendido, y en muchos casos logrado, influir en los comportamientos, actitudes y forma de vida de muchos colaboradores que, obviamente, corresponden única y exclusivamente al ámbito privado; ello ha despertado en mí una hipersensibilidad que hace que, casi de manera preventiva, se disparen todas mis alarmas; ese artículo disparó algunas y las últimas noticias acerca de su empresa las ha convertido en ruidosas sirenas.
Esta es la noticia que ha dado la vuelta al mundo…
El gigante Apple, rechaza reparar aquellos ordenadores que han estado en contacto con humo de tabaco, ya que al ser ésta una substancia tóxica no quiere exponer a sus trabajadores al contacto directo con ella. Así, al menos, lo han confirmado varios lectores al portal estadounidense…. (Posteriormente Apple lo ha confirmado en nota oficial)
Y este es un extracto de la garantía y daños que no cubre…
Daños al Equipo Cubierto ocasionados por accidente, abuso, negligencia, uso indebido (incluyendo instalación, reparación o mantenimiento por cualquier persona que no sea Apple o un proveedor de servicios autorizado), modificación no autorizada, factores extremos del medio ambiente (incluyendo temperaturas o humedad extrema), estrés físico o eléctrico o interferencia, fluctuaciones o sobrecargas de energía eléctrica, rayos, electricidad estática, fuego, actos de Dios o de otras causas externas.
Me referiré en primer lugar a la garantía y cuyo párrafo acerca de los “factores extremos del medio ambiente” parece ser que es lo que fundamenta la negación de reparación de los aparatos “contaminados” de nicotina. Pero antes diré que nunca me había leído enteramente una garantía y desconocía que en los aparatos de Apple no cubre “los actos de Dios”. La verdad es que ignoraba el interés de Dios por la informática y mucho menos hasta el punto de intervenir en ella. ¿Cuáles son los motivos que le pueden llevar a actuar? ¿Boicoteará a todos aquellos que tienen en el fondo de pantalla a una Scarlett Johansson que alegra la jornada nada más abrirlo? ¿Intervendrá en contra de aquellos que bajan música sin respetar a la SGAE? ¿O solamente a quienes ven películas porno? ¿Aprovechará para leer los escritos de los agnósticos y ateos y les romperá el portátil? También es posible que su intervención ignore a los pobres usuarios y se centre en los creadores del ingenio; en ese caso, ¿teme usted que considere más piadoso a Bill Gates y se centre en sus malévolos Mac? ¿Considerará que sus Mac, al rozar la perfección, constituyen una ofensa de soberbia ante su divinidad? La verdad es que me hago muchas preguntas que sería tedioso enumerar aquí y no acierto a comprender su prevención ante la intervención de Dios hasta el punto de retirarla de su garantía. Sé que sus designios son inescrutables e incomprensibles para los pobres e ignorantes humanos pero este, sinceramente, me desborda.
En lo que se refiere a la parte que da origen a esta carta –salvo la inesperada aparición de Dios- y que se fundamenta en que se niegan a reparar aparatos contaminados por fumadores, porque al tener partículas de nicotina queda expuesta su salud, debo hacerle las siguientes reflexiones. O se trata de una estrategia de marketing buscando una notoriedad publicitaria, o de una de las más grandes estupideces que he conocido, o de un acto de puro fascismo.
Me llamaría enormemente la atención que fuese la primera, pues su compañía nunca necesitó más estrategia que la propia calidad de sus productos con el añadido –ya glosado- de una belleza estética indudable. Emplear ahora, que es unánimemente reconocido por todos, técnicas tan primarias resultaría bastante incomprensible.
Tampoco es probable que sea simplemente una estupidez –aunque intelectual y científicamente lo es y de gran calibre- pues nunca ha hecho usted gala de semejante deficiencia y su trayectoria así lo avala.
No puedo por menos que inclinarme, decididamente, por un acto de puro fascismo. El fascismo, Mr. Jobs, no es un movimiento político, ni una ideología, ni siquiera un credo, ni por supuesto, una corriente intelectual. El fascismo es una actitud. Y que tiene como única base el imponer a los demás nuestros propios criterios, creencias y comportamientos. No existe otro peligro mayor para la libertad del ser humano. Y suele ir asociado a la obtención de altas cotas de poder e influencia y a una desmesurada codicia. En su evolución y adaptación a los tiempos, encuentra formas sutiles de manifestarse y, en ocasiones y de forma vergonzante, amparándose en un hipotético bien común. Como el que usted predica, coadyuvando a la guerra que su país –entre las muchas que tiene- ha declarado al consumo interno de tabaco, aunque no a su elaboración, exportación, ni a los ingresos por las patentes de marca.
Todos sus productos están diseñados en California y fabricados en China, donde aprovecha los bajos salarios para hacerlos más competitivos. ¿Ha investigado usted las condiciones laborales de esos trabajadores? ¿Sabe si fuman cuando trabajan en las fábricas? ¿Sabe que el desarrollo fabril de ese país está superando en un 20% las emisiones de gas del país más contaminante del mundo que, por cierto, es el suyo? Tampoco creo que desconozca que ninguno de sus productos, como la mayoría de los aparatos electrónicos, funcionaría sin una combinación de minerales – columnita y tantalita- y que se ha dado en llamar “coltran”. Pues bien, las mayores reservas mundiales de estos minerales (80%) se encuentran en la República del Congo y los conflictos armados con Ruanda y Uganda, con motivo de su explotación, causan millares de muertos – con un alarmante porcentaje de niños- ante las miradas de los “cascos azules”, que sólo se dedican a proteger los intereses de las grandes multinacionales.
Y ahora se descuelga usted como “gran protector” de la salud de sus empleados, que no admite la tremenda perversión no ya de fumar sino de tocar un aparato que haya recibido algo de humo de un cigarrillo. El cinismo, la hipocresía y el fascismo de su pronunciamiento son absolutamente deleznables.
En fin, Mr. Jobs. ¡Qué diferencia entre el comienzo de esta carta abierta y el final de la misma! Probablemente no sea más que el guión de su propia evolución. Tiene usted mi reconocimiento por el excelente producto que creó y el respeto que cualquier ser humano se merece por el hecho de serlo. Pero ninguno más.
Antonio Aragüés
Diciembre del 2009
PD. La bolsa neoyorkina, alarmada por las posibles consecuencias económicas, ha filtrado noticias sobre su, nuevamente, delicado estado de salud. Aprovecho para testimoniarle mis mejores deseos.
Nota: A partir de este momento y hasta su total recuperación, todos mis blogs están dedicados a mi amigo Paco Martínez. Su bonhomía es como un faro que ilumina la fe en la decencia del ser humano.









