domingo, 7 de octubre de 2018

El 1º de Octubre no pasó nada



He recuperado este texto que escribí en otro foro hace una año y que conllevó bastante polémica. Creo que el paso del tiempo le ha sido favorable.

Rememoraba ayer esas imágenes del cine en las que se ve a un señor sentado en un sillón con su pipa y un periódico en dobladillo en el que se podían apreciar las largas columnas de texto. Tiempos que no conocí y en los que la palabra era el medio para informar. Creo que, a grandes rasgos, fue la guerra civil española la precursora de la información gráfica. Aquí se captaron famosas imágenes que dieron la vuelta al mundo. El miliciano alcanzado por un disparo, de Robert Capa, es un documento histórico. Pero fue la Segunda Guerra mundial y, posteriormente, la Guerra de Vietnam en las que este tipo de información alcanzaría niveles de notoriedad e importancia insustituibles. Las terribles imágenes del holocausto judío han quedado como actas notariales inmortales que nos recuerdan el horror en el que puede caer el ser humano. La niña desnuda y chamuscada huyendo de las bombas de napalm o el soldado del Vietcong muerto en las calles por un disparo en la sien no admiten interpretaciones.
Pues bien, observo con estupor como en estos días y desde hace tiempo, la evidencia se interpreta, discute e incluso se niega. Los recientes sucesos del pasado domingo, 1º de Octubre, en Barcelona concluyeron con la intervención de unidades antidisturbios para disolver a grupos de ciudadanos desarmados y en actitud pacífica en la inmensa mayoría de los casos. Así lo certificaban las informaciones de medios internacionales como los cientos de vídeos que circularon por la red tomados por ciudadanos con su cámara. Las autoridades y los medios de comunicación “oficiales” tardaron algo más de veinticuatro horas en reaccionar. Las primeras informaciones apuntaban a doscientas o trescientas personas atendidas en los centros de salud (no se hablaba de heridos), cifra que fue ascendiendo hasta los 800 (ahora sí, heridos) con dos personas en situación grave. Los días posteriores han sido todo un ejercicio de “contra información” delirante. Se niega que fueran ochocientos –obviando los informes médicos- y se difunden imágenes falsas, manipuladas y retocadas –el diario La Razón ostenta la Cátedra en estas actividades- en las que se niegan esas heridas. Los editoriales del diario El País negando realidades y hablando de proporcionalidad, son dignos de estudio. Ancianas que no eran y asociadas a un político vasco, otras en las que se dice que la sangre era pintura, difunden que prácticamente en todos los colegios había barreras de niños y ancianos, y, en una pirueta digna del mejor Circo del Sol, el ministro del Interior nos habla de cerca de 400 antidisturbios heridos. Sin despeinarse. ¿Alguien puede creer que esos policías, pertrechados como Robocop, armados con cascos, escudos y porras, pueden resultar, en ese número, heridos por esa multitud desarmada? Pues sí. La verdad es que sí. Porque no hay nada más potente que un creyente…en lo que sea. Ante las evidencias o ante su ausencia. Cuando alguien que quiere creer o negar cualquier evidencia no tienes más que darle el más mínimo y leve argumento -aunque sea manipulado dará igual- para afirmar su creencia. Ante la polarización, las trincheras, los buenos y malos, no cabe el espíritu crítico. Ahora aquí, las cosas han sido como nos cuentan que queremos creer. Todo lo que ha pasado, no ha pasado. Todo lo que usted ha visto, no es lo que parece. Y piense y recuerde un poco ese domingo porque seguramente no ha visto nada… o no existió.

4 de Octubre del 2017

viernes, 21 de septiembre de 2018

Los sentimientos no generan derechos





A lo largo del tiempo todos hemos conocido enemigos íntimos y declarados en cualquier parcela pública. La enemistad de Vargas Llosa con García Márquez; el odio de Fraga a Suárez -me sorprende el papel de hijo de este último en el actual PP- ; la inquina de Albert Boadella -a lo largo de los años la ha ido repartiendo- hacia Josep María Flotats; la de Felipe González a Pedro J. Ramírez o la de Juan Luis Cebrián y Luis María Ansón. En fin, que la lista es extensa y enumerarla no es el objetivo de este escrito. Pero queriendo destacar una, yo creo que sería la de Felipe González y José María Aznar -aunque pienso que mucho más por parte de este último-, que solo se han soportado en actos oficiales y que nunca han disimulado su odio sino que, más bien, han aprovechado cualquier circunstancia para hacerlo notorio. En mi opinión, Aznar siempre evidenció un notable complejo de inferioridad con González -si ese complejo es parte de su personalidad es otro asunto- ya que nunca tuvo el prestigio internacional del primero, ni esa especie de aura de hombre de estado, ni la consideración de los principales poderes económicos y sociales. Verlos juntos, en un cara a cara, parecía empresa imposible. La situación política, con el fin del bipartidismo, el cuestionamiento constitucional del 78 y el problema territorial lo ha hecho posible. Es decir, que la fractura de lo que ambos construyeron y el concepto de Estado los ha unido. Y me atrevo a decir que se han fundido dos odios en una sola dirección. Conocido por todos el que tienen hacia Iglesias – creo que ambos piensan que es controlable-, ese odio lo han canalizado hacia Catalunya y el proceso independentista. Difícilmente, en mi opinión, los dos expresidentes con más años de gobierno de la etapa democrática pueden hacerlo peor; si en este cara a cara pensaban en sus electores, se habrán repartido los beneficios; pero si en algún momento tenían presente al electorado independentista catalán, habrán de repartirse las culpas porque no han hecho sino reafirmarlo. Especialmente González, que de forma contundente ha afirmado que, “No se dan cuenta de que toda negociación se fundamenta cuando se cree que además de ganar algo se puede perder algo. Están más cerca de perder autonomía que de ganar independencia”. Tan amenazador como irresponsable. En cuanto a Aznar, ha actuado como lo hace desde que ha perdido hasta el respeto de muchos afines ideológicos. Tratar de epatar con frases tan altisonantes como faltas de fundamento. “Los sentimientos no generan derechos”, ha dicho convencido de lo trascendente de su aserto. Su elementalidad intelectual olvida que las naciones no son otra cosa que construcciones basadas en sentimientos y que estos generan deseos que conllevan expectativas o frustraciones. Solamente en “entornos” en los que esos sentimientos se ven satisfechos se puede hablar de integración, convivencia y respeto.
En definitiva, me pareció una exhibición de vanidad, soberbia y rencor.
Bien trajeados, bronceados y con buen aspecto. Pero los vi viejos…muy viejos.



viernes, 14 de septiembre de 2018

La Ilustración


Leía estos días, con fruición, ese magnífico libro de Editorial Akal titulado El libro de la Historia y que forma parte de una colección que remite también a la filosofía, arte, religión ciencia, etc.
Estando en la parte que corresponde a los enciclopedistas y que dio lugar a la Ilustración, el texto, como es natural, ponderaba la gran importancia que tuvo en el mundo. El primer volumen de la Enciclopedia se publicó en 1751, y la obra, completada 21 años después, consistió en 17 volúmenes de texto y 11 de ilustraciones. Los textos y artículos de la obra destilaban los pensamientos de escritores y filósofos como Montesquieu, Rousseau, Voltaire, D´Alambert y el citado Diderot. La Ilustración cambió la visión del mundo y el  orden social e influyó de forma decisiva en la futura evolución de Occidente. La Constitución de EE.UU. tiene como base esa afirmación –subversiva en ese momento- de que  “todos los hombres son creados iguales” y que los gobiernos debían ser consecuencia del “consentimiento de los gobernados” como propugnó Thomas Jefferson. El mundo moderno tuvo su origen en ese primer volumen de 1751.
Doscientos años más tarde hubo otro acontecimiento de verdadera importancia, al menos para mí, que fue mi nacimiento. Y unos trece o catorce años después, durante el bachillerato y en el Colegio de los Escolapios, me enseñaban sobre los enciclopedistas que eran “filósofos malditos” de ideas subversivas y enemigos de la Iglesia. Sus obras y enseñanzas no eran lecturas recomendables cuando no muy peligrosas. De Voltaire, Rousseau, Diderot y D´Alambert, -recuerdo perfectamente el orden del libro de texto- había que huir como de la peste.
Y como decía Labordeta… “así nací, así viví y así crecí.
Con mucho esfuerzo y a pesar de ellos.

miércoles, 22 de agosto de 2018

Desórdenes




Hace unos días escuché la noticia de que los jugadores del Real Zaragoza habían hecho la tradicional ofrenda de flores a la Virgen del Pilar solicitando su ayuda para afrontar “esta gran aventura deportiva y social”. Me llamó la atención pues, hasta ahora, estaba acostumbrado a que los equipos ofrecieran solo los trofeos que constataban grandes logros deportivos. Esa mezcla de religión y deporte siempre me pareció un atavismo más de los que está lleno el país. El Real Madrid ofrecía sus trofeos a la Virgen de la Almudena y el Barcelona, después de una etapa laicista en la que dejó de ofrecerlo a “la moreneta” en Montserrat, ha retomado esa costumbre y ahora los ofrece a la Mare de Déu de la Mercé. En Sevilla, no sé si a la Esperanza Macarena, a la de Triana, al Gran Poder –hay que reconocer que en la tierras andaluzas tienen para días- o a alguna otra. El Real Zaragoza, los ha ofrecido a la Virgen del Pilar. Pero insisto, siempre han sido ofrendas y no tanto peticiones de ayuda –creo que eso es comprometerla- como parece que se viene haciendo los últimos cinco años sin resultados. Ayer se inició la liga y el equipo zaragozano ganó. Renace la esperanza de que la Virgen, por fin, se haya comprometido. Qué cosas…



lunes, 20 de agosto de 2018

Fútbol y religión




Hace unos días escuché la noticia de que los jugadores del Real Zaragoza habían hecho la tradicional ofrenda de flores a la Virgen del Pilar solicitando su ayuda para afrontar “esta gran aventura deportiva y social”. Me llamó la atención pues, hasta ahora, estaba acostumbrado a que los equipos ofrecieran solo los trofeos que constataban grandes logros deportivos. Esa mezcla de religión y deporte siempre me pareció un atavismo más de los que está lleno el país. El Real Madrid ofrecía sus trofeos a la Virgen de la Almudena y el Barcelona, después de una etapa laicista en la que dejó de ofrecerlo a “la moreneta” en Montserrat, ha retomado esa costumbre y ahora los ofrece a la Mare de Déu de la Mercé. En Sevilla, no sé si a la Esperanza Macarena, a la de Triana, al Gran Poder –hay que reconocer que en la tierras andaluzas tienen para días- o a alguna otra. El Real Zaragoza, los ha ofrecido a la Virgen del Pilar. Pero insisto, siempre han sido ofrendas y no tanto peticiones de ayuda –creo que eso es comprometerla- como parece que se viene haciendo los últimos cinco años sin resultados. Ayer se inició la liga y el equipo zaragozano ganó. Renace la esperanza de que la Virgen, por fin, se haya comprometido. Qué cosas…

domingo, 19 de agosto de 2018

Ética y leyes.


Es propio de los jóvenes cachorros de los partidos políticos el afán de esperar su momento para alcanzar el poder y sustituir a los viejos líderes. Podríamos colegir que es una actitud casi con sustento antropológico. Y tienen que medir bien los tiempos y postulados pues en esa misión tienen que vencer resistencias y competencias, algo que les lleva a intentar que sus declaraciones tengan la mayor resonancia y notoriedad. Es lo que le ha sucedido a Pablo Casado, a cuya desfachatez e incontinencia conocida se une ahora la ansiedad por lograr cuanto antes asentar un liderazgo que se ve ensombrecido por sus problemas académicos y que le ha hecho afirmar, sin el menor rubor, que “la ética la marcan las leyes”. Semejante aserto, dirigido a las masas afines y que no practican un pensamiento crítico, haría palidecer a cualquier estudiante de primero de Derecho y a cualquier persona mínimamente reflexiva. Me ha llevado a recordar al Juez Lerga, que se hizo famoso en la transición y que tuvo un papel destacado y brillante en diferentes procesos legales como el caso Rumasa. Siempre recordaré sus palabras. “Pobre de una sociedad cuya única referencia ética en su comportamiento sea el cumplimiento de las leyes”.

sábado, 18 de agosto de 2018

Cicatrices y fronteras





El ministro Josep Borrell siempre me provocó sensaciones ambivalentes. Por una parte, admiro su cultura, inteligencia, brillante dialéctica, nivel intelectual -poco común entre los políticos- y me produjo simpatía su reciente postura dentro de los movimientos de su partido. Por otra, siempre he recelado de esa química que transmite del hombre que siente que ha sido merecedor de mayores reconocimientos y que su ambición reclamaba. Su prepotencia y arrogancia se fue atemperando con los años, y sobre todo a raíz de sufrir las traiciones internas de su partido que afrontó con evidente bisoñez e inocencia. Ahora, en el final de su carrera, ha adoptado una postura beligerante -lícita como cualquier otra- con el independentismo catalán. Y con su brillante discurso, al que ya he hecho referencia, ha dicho que "las fronteras son cicatrices que la historia ha dejado sobre la tierra", con evidente intención epatante. Y tiene toda la razón. Y cabría añadir que donde hay cicatrices es porque hubo heridas y sangre. La práctica totalidad de los países del mundo son consecuencia de matrimonios reales o apaños de las noblezas -que no por eso evitaron reacciones-, invasiones, colonizaciones, guerras, levantamientos y, en definitiva, muerte, sangre, injusticias y dolor. Por eso la historia del mundo esta marcada por esas cicatrices que señala como fuentes de desgracia. Y es ahí donde, en mi opinión, su tesis adolece de fundamentos sólidos para combatir aquello que rechaza. Porque, ¿no podemos considerar un avance de la civilización que un pueblo, de forma pacífica, libre, responsable y democrática pueda decidir su futuro? Ni cicatrices, ni sangre, ni dolor, ni muerte. Solo la expresión de su voluntad colectiva. ¿No es incluso moralmente superior?

viernes, 17 de agosto de 2018

La taba.




Ayer jueves estuve viendo en Caixa Forum dos exposiciones de gran interés. La dedicada al gran fotógrafo y fundador de la mítica agencia Magnum, Robert Capa - "Robert Capa en color"- y posteriormente otra, "La competición en la antigua Grecia", en colaboración con el British Museum. Qué decir del primero que no se haya dicho ya. Solo recomendarla pues es muy desconocido su trabajo en color y destacar sus periplos a nivel mundial tan interesantes como sus reportajes de guerra.
La de Grecia fue para mí un cúmulo de sorpresas. La más importante es comprobar que 2.500 años más tarde se siguen haciendo cosas con la mismas técnicas de ese tiempo e incluso con la misma estética. Descubrí que los pitos o canicas, al igual que los dados, proceden de ese tiempo. Pero lo que más me fascinó fue ver que la "taba", ese hueseciillo llamado científicamente "astrágalo" que corresponde a las patas traseras de los corderos y que fue un juego en mi infancia, se practicaba 500 años a.c. Hoy creo que ha desaparecido y no recuerdo lo que significaban sus diferentes caras en la caída; pero sí la forma de lanzarlo buscando la posición más difícil. Interesante. Tanto los niños griegos como yo, hemos jugado a la "taba".

jueves, 16 de agosto de 2018

Dinero y razón



Hace tiempo que observo con notable frecuencia que personas que han conseguido en su vida éxito económico consideran su opinión revestida de mayor autoridad por ese simple motivo. El poderío del dinero -ese becerro de oro de nuestro tiempo- pretende suplir cualquier tipo de conocimiento de otros que no lo lograron o que nunca tuvieron esa meta en sus vidas. Bien es verdad que en la mayoría de los casos huyen de temas farragosos como la filosofía, pero se atreven a pontificar en los aledaños de las artes -solo en aquello que es más popular- y se incomodan cuando alguien muestra conocimientos superiores o valora elementos que no comprenden. La pintura es una claro ejemplo de su postura, que solo rinde culto a valores establecidos e incapaz de interiorizar propuestas para las que se precisa una cierta formación. Pero pasa los mismo con la música, la literatura, la escultura o el teatro. Por leve y ligera que sea la conversación se descubre que el logro de objetivos económicos -por otra parte tan lícitos y meritorios como otros- les privó de unos saberes en otras parcelas que no serían relevantes sino fuera por la osadía que les procura su seguridad económica. Hace tiempo escuché a un exitoso empresario textil - que no tenía más formación que la enseñanza básica- decir que "él se la jugaba con cualquier universitario". Eso sí, no especificaba a qué. Con los años he aprendido que el conocimiento es una fuente de humildad y que el dinero lo es de insolencia. Como dijo Rafael Chirbes en su impagable "Crematorio", "el dinero es muy importante cuando no tienes; pero cuando lo consigues suele poner en evidencia todo lo que te falta".

martes, 12 de enero de 2016

Democracia al sol






El pasado domingo alumbró un precioso día. Uno de esos que anuncian que la primavera es posible, aunque se hará de rogar un tiempo, y te impulsa a disfrutarlo en su plenitud. Salí de casa dispuesto a caminar a lo largo de la Gran Vía y desembocar en el parque José Antonio Labordeta, uno de los lugares más hermosos de la ciudad. Al llegar y recorrer el boulevard central, repleto de jardineras, parterres, estanques y fuentes, fui observando que mucha gente había decidido disfrutarlo como yo. En la calzada izquierda un grupo de jóvenes con sus atuendos deportivos, cascos y patines de línea competían agrupados dejando espacio a ciclistas que se ejercitaban en esa actividad. En la otra calzada, otros hacían footing e incluso uno practicaba esa variante de la marcha atlética. En el frontal del parque, en una de esas paredes preparadas al modo de las montañosas, ellos y ellas escalaban cual Spiderman, y en un recodo del camino dos hombres con un reproductor de música ejercitaban gestos muy lentos y en momentos estáticos, que intuí de carácter oriental. Anduve despacio en busca de uno de esos bancos clásicos de lamas de madera –de los no invadidos todavía por la obsesión del diseño- situado frontalmente al sol. Me senté y a mi izquierda otro grupo perseveraba en unos estiramientos musculares de los que se deducía el comienzo o el final de una sesión de entreno. Cerré los ojos y me dispuse a disfrutar de una de las cosas que más me gustan; sentir sobre mi cuerpo el calor y la luz de ese sol de Enero que presagia que la vida, de alguna forma recóndita, pugna por aparecer. Es una de las sensaciones físicas y mentales que más gozo me producen. Pero lo que es más destacable es que percibí una gran armonía en el entorno. El placentero alborozo de mi persona era el mismo que irradiaban todas las que allí había. ¿Por qué no será todo así de fácil? – me dije. ¿Por qué la vida social no es tan respetuosa con lo diverso? –pensé. ¿Hay mayor diferencia que la habida entre quien decide subirse por una pared y quien, como yo, se sienta tranquilamente en un banco? –seguí elucubrando. Realmente, ¿no es esa la base y el fundamento de la democracia?. Además del consabido enunciado de que la democracia es el menos imperfecto de los sistemas políticos, ¿no es la más perfecta de las actitudes personales?. Si la grandeza política de la democracia es que iguala lo desigual en un voto con el mismo valor, ¿no es la actitud democrática un acto de generosidad y reconocimiento hacia el otro?. El énfasis en la diferencia es tan estúpido como tratar de combatirla, si bien el primero suele tener un carácter reactivo y consecuencia del segundo. Y debo decir que yo cada día me encuentro mejor en la diferencia siendo el entorno que más me enriquece y, ojalá, mejora. Y cada día siento más rechazo a los criterios unificadores y a todas aquellas propuestas que tienen como fin la igualación de la personas en pensamientos, normas, culturas y hábitos. Estamos viviendo unos tiempos desabridos, confusos y combativos en los que se grita mucho y se escucha poco. Tiempos de descalificaciones irracionales, cuando no despectivas, hacia ideas y ciudadanos de diferente pensamiento, cultura o territorio. Y creo que en una generación como la mía y alguna posterior, todavía quedan los residuos de un sistema político que tuvo como principal norte establecer una única forma de convivencia a cualquier precio. Tenemos tan interiorizado el mensaje que, de forma inconsciente –incluso en personas que se consideran progresistas-, saltan los resortes de esos mecanismos unificadores. Y eso solo indica que a la democracia, como sistema político, se puede acceder mediante la implantación o modificación de las leyes. Pero la actitud democrática requiere un aprendizaje que precisa de tiempo, esfuerzo y generosidad. Y una ausencia total de prejuicios. 

- Buenos días, me dijo un señor sentándose en el extremo del banco rescatándome de mis pensamientos. –Buenos días, le contesté mientras miraba la hora en mi reloj. -¡Oh! No crea que me marcho porque haya venido usted; la verdad es que se me ha hecho un poco tarde, le dije. Que tenga buen día.

Recorrí el boulevard para salir por la parte opuesta contemplando la grata armonía descrita y con una cálida sensación en mi cuerpo y un poquito…en el alma.


sábado, 14 de noviembre de 2015

Horror

 

Quiero referirme a los trágicos sucesos acaecidos la pasada noche en París, que han conmocionado a la comunidad internacional y han provocado todo tipo de condenas y opiniones en los medios y en las redes digitales. 
No voy a hacer más énfasis en el horror que no tiene más dimensión que la cercanía. Porque los sucesos recientes… ¿Son más horribles que tener a un hombre arrodillado, vestido de naranja y degollarlo con un cuchillo? ¿O las terribles, pavorosas imágenes de un niño de cristiano –un niño sólo puede ser niño- crucificado? ¿O los cientos de imágenes que llegan a los diarios y que son impublicables? 
El horror forma parte de la vida diaria y su repercusión depende de a quién afecte y a la cercanía. Así de crudo, cruel e indecente. Pero, como ya es habitual, la reacción –apoyada por la visceralidad y el impacto en la ciudadanía- irá encaminada a establecer la respuesta con poca reflexión acerca de las causas. 
Hay días en los que la soberbia viñeta de Mafalda se hace casi imprescindible. “Hoy quiero vivir sin darme cuenta”. Pero difícilmente es posible porque la realidad nos persigue como la sombra y las imágenes de dolor nos acosan. Sólo cabe la serenidad, la reflexión y la profunda convicción de que todas las decisiones que, como ciudadanos, tomamos tienen una notable repercusión. Revisar nuestra conciencia con el mayor espíritu crítico y afirmar los valores de justicia, igualdad y fraternidad.
Y creo que hoy, en nuestro país, en Europa y en el mundo entero se impone un nuevo orden. Políticas nuevas para tiempos nuevos. Porque la vieja política nos conduce al desastre. Los sucesos de París no son una respuesta –ellos lo creen- pero sí son la consecuencia irracional y delirante del orden criminal del mundo. La explotación, la injusticia y la desigualdad crecen de forma exponencial y matan de forma deliberada y premeditada. A raíz de los sucesos del 11M, un conocido filósofo español dijo. “Nadie puede sentirse seguro en un mundo en el que la codicia no tiene fronteras y la justicia las encuentra a cada paso”. 
En ese mundo…estamos instalados. 



viernes, 16 de octubre de 2015

Indignación




Reconozco que me equivoqué. Tampoco tuve la intención de avanzar un pronóstico ni de realizar una apuesta. Pero si de alguna forma proyectaba en mi imaginación el futuro de este país o el desarrollo de su sociedad -allá por el comienzo de los años noventa-, ni por asomo intuí la notable regresión que estamos viviendo, especialmente, en los últimos años. Y fijo más mi atención en lo social que en lo político. Pensé que la secularización de nuestra sociedad, la tolerancia, la diversidad y, sobre todo, la cultura democrática sería hoy un logro a disfrutar. Y me encuentro con un retorno de códigos, símbolos y celebraciones que superan notablemente la exaltación que tuvieron en la dictadura. Las novias, casi como nunca, quieren ser “princesas”; las fiestas populares con reminiscencias religiosas adquieren esencias identitarias; las banderas y los símbolos recuperan agresividad; los ministros condecoran vírgenes; se cuestionan, en términos morales, logros que fueron aspiraciones de modernidad de hace años; y lo que me parece triste y muy peligroso es que la crispación, el enfrentamiento y la violencia –de momento verbal- se apodera del discurso social. Lo que evidencia a las claras que la democracia, que más que una forma de gobierno es una actitud, precisa de una pedagogía muy superior a la que nos hemos dado. Procesos que nos parecieron superados han mostrado una extrema fragilidad y su peor cara. Y en mi opinión, donde más se evidencia es en la indignación que producen las personas y sus ideas o manifestaciones y la laxitud en la condena de los hechos. ¿Cómo es posible que una sociedad ante hechos delictivos como los Gürtel, Púnicas, Blesas, Ratos, Bankias muestre una rechazo leve y resignación bovina y sin embargo reaccione con virulencia ante el cuestionamiento de una festividad, un símbolo o un sentimiento? ¿Cómo explicar que el rechazo crítico o la postura adversa provoque sentimientos de afrenta? ¿O acaso nos estamos desviando peligrosamente a considerar más graves las ideas que los actos? ¿Por qué manifestaciones legítimas -discutibles como casi todo- provocan reacciones tan indignadas y cercanas al linchamiento? Mal camino el que lleva a sacralizar símbolos y demonizar personas. Me suena tanto todo eso…

martes, 29 de septiembre de 2015

Estoy a tu favor






Es evidente que me hago mayor. Se supone que en la edad de la madurez y en la que debería acompañarme cierta sabiduría, no estoy muy seguro de haberla alcanzado. Pero al menos una cierta serenidad, una buena dosis de tolerancia, una sonrisa ante la mayoría de las cosas no importantes -las importantes son muy pocas- y un punto de tristeza- de la que enseguida me recupero- ante la falta de voluntad de entendimiento. Como ves, todo leve y consecuente con esa edad a la que las emociones muy intensas ya no le sientan bien. 
Pero hay algo que cada día practico con mayor pasión emocional y tesón racional. Y es que estoy a tu favor. Ante cualquier cosa que opines, digas o sientas ten la seguridad de que como persona y amigo estoy a tu favor. Discreparemos y mucho. Discutiremos más. Divagaremos. Nos volveremos insustanciales, seguramente nos enzarzaremos en decir tonterías -todos los días muchas-, trataremos de convencernos y seguramente acabemos en el sitio donde comenzamos. Y es precisamente porque estoy a tu favor por lo que trataré de convencerte de mis ideas con la seguridad de que son buenas para ti y probablemente en el esfuerzo me esté alimentando de las tuyas. 
Por eso te va a costar mucho trabajo que te dé la espalda. Y te hablo desde la experiencia de haberla tenido que dar en alguna ocasión. En este medio he visto y leído las mayores barbaridades; pero también cosas extraordinariamente hermosas. Entre ellas habernos conocido y disfrutar de tu amistad. Algo que no es habitual a esta edad. Miro tus fotos, leo tus textos, escucho tus opiniones, intuyo tus inquietudes y, en algunos casos, la vida nos da la oportunidad de darnos un abrazo. Bueno, todo esto de enrollarse de esta manera también es producto de la edad cuando lo único verdaderamente importante que quería decirte es eso, que estoy a tu favor y que aunque discrepemos no pienses otra cosa.


miércoles, 29 de abril de 2015

Palabras sin fundamento





Desde mi juventud he sentido especial debilidad por el lenguaje. No encuentro otra forma más rica y precisa para transmitir ideas, pensamientos, reflexiones y, además, una de las mejores para comunicar sentimientos. Aunque permanente aprendiz, pongo especial cuidado en su correcto uso al tiempo que le profeso el mayor respeto. “El dardo en la palabra” de D. Fernando Lázaro Carreter y “La seducción de las palabras” de Álex Grijelmo, son libros de cabecera que nunca abandono y en los que sigo admirando el profundo amor que sus autores sienten por la palabra. A mí me ocurre algo parecido. Siento a las palabras como seres animados que tienen color, resonancias, recuerdos; que afirman, gritan, emocionan, acarician, susurran y que permiten, en el breve espacio de los blancos, comunicar en silencio. Por eso y desde hace bastante tiempo observo con tanta preocupación como disgusto el pésimo uso, e incluso el abuso, que se hace del lenguaje. Recuerdo mi alarma, en mis tiempos de empresa, cuando se comenzó a emplear el verbo priorizar; se utilizaba especialmente en el mundo del marketing –como consecuencia de la influencia anglófona- y sustituyendo al compuesto de verbo y sustantivo que es dar prioridad. ¡Qué diferencia hay en el uso de ambas expresiones! Dar prioridad, además de una suave sonoridad, implica una cierta forma de urbanidad, atención, deferencia; nos evoca amabilidad, respeto, buen trato. Priorizar –a mí siempre me sonó a la acción que desarrolla algún insecto- es voz autoritaria, imperativa, que no admite duda, sin matices y despoja de musicalidad a la frase en la que se utiliza. Soy consciente de su existencia en el DRAE pero debo decir que como tantas otras poco afortunadas. Pero esta moda o uso ignorante de la verbalización de sustantivos se está extendiendo como una plaga. Descubrimos que ya “no destacamos” o “hacemos visible” tal o cual cosa sino que ahora la visibilizamos, en una suerte de fonemas con los que, de no acudir al logopeda, corremos el riego de escupir a nuestro interlocutor. En una reunión con concejales del grupo municipal de CHA (Chunta Aragonesista) –siempre tenían a gala su juventud y origen universitario- uno de ellos nos afirmó su voluntad de “musealizar” la ciudad. No se trataba, al parecer, de destacar los museos existentes sino de que concluyéramos apreciando la “visibilización de esa musealización”. Acabo de leer en la prensa que como consecuencia de vertido de crudo en las costas canarias, ha sido afectada una playa “categorizada” como reserva de la biosfera. No me extraña que uno procure evitar el baño. 

Pero existen otras propuestas que, en base una pretendida originalidad y modernidad, pervierten el uso original e incluso la cualidad que contiene la palabra. La buena periodista Pepa Fernández, decidió un día elevar el nivel de sus oyentes calificándolos de “escuchantes”. Es de todos sabido que a escuchar se le aplica la característica de la atención y concentración; por eso escuchamos una conferencia, una declamación o, simplemente, música; también es cierto que se puede oír sin escuchar o hacerlo ocasionalmente o por momentos. La expresión que siempre ha definido a las personas que “hacen uso” de la radio ha sido la de oyentes, que nos remite a esos orígenes de las galenas, de los radioaficionados y que, evolucionada la tecnología, nos permitió oírla en movimiento siendo la principal cualidad del medio. Siempre se ha dicho que la radio se puede oír y hacer otras cosas simultáneamente. Algo más propio del oyente que del escuchante, resultando esta ocurrencia de la periodista tan pretenciosa como insustancial. 
No sé si la expresión fue invento suyo o ya existía –parece que sí- , pero nunca le perdonaré a Luis del Olmo su popularización. Lo de tertuliano me supera. Siempre, y tampoco es que haya tenido un entorno tan culto y refinado, conocí la palabra contertulio. Persona que participaba en una tertulia y que convenía con otros intercambiar opiniones, conocimientos e incluso confidencias. A mí, un contertulio me evoca educación, serenidad, interés; creo que puedo aprender y sentir que aporto utilidad. Saludar o despedir a los contertulios me provoca satisfacción y un sentimiento amable. Buenas referencias nos ofrece la literatura y el cine de esas tertulias en las que tantos intelectuales participaron e hicieron famosas. Pero de un tertuliano sólo puedo esperar gritos, vulgaridades, pésima educación; lo vemos todos los días en los diferentes medios en los que nos agobian con sus soliloquios y parlamentos. Se me dirá que no es el nombre sino las personas o los formatos, pero creo que no es cierto. El escenario modifica el comportamiento de las personas. Y la denominación creo que también. Yo, en un contertulio deposito mi confianza y mi atención. De un tertuliano no puedo esperar nada bueno. Y no pienso en el sufijo del vocablo. 

Zaragoza, 29 de Abril del 2015 

viernes, 17 de abril de 2015

Los cinco dedos en la cabeza de Rato.





He seguido, con el interés que corresponde a un ciudadano responsable, las noticias relativas a las presuntas irregularidades o delitos que afectan a los movimientos de capitales y su origen del ex Vicepresidente del Gobierno y poderoso ex Ministro de Economía Sr. Rodrigo Rato. No me extenderé en la repulsa que me provocan esos hechos y tampoco en mi aversión hacia la ideología de este personaje y los que, como él, defienden determinadas políticas. Además, es evidente que tanto muchos de su grupo como del otro principal partido opositor y, lamentablemente, mayores instancias del Estado se han visto salpicados por hechos que resultan repugnantes en sí mismos y todavía más por la obscenidad con la que se han producido. Y eso, merecería la condena y reprobación más severa. Pero ha habido algo que me ha hecho sentir molesto.

Como todos, con el mayor interés, he visto las imágenes en las que la policía judicial irrumpía en su domicilio a fin de efectuar un registro que confirmara indicios delictivos; y debió encontrarlos pues el Sr. Rato, salió debidamente detenido. En muchos otros sucesos de índole parecida, la prensa y la ciudadanía se ha enzarzado en una cadena de dislates acerca de lo adecuado o no de que saliera esposado. Para mí fui un alivio ver que no ha sido así. Es posible que se me diga que cualquier ciudadano en su lugar lo hubiera sufrido y tendrían razón; pero creo que las normas deben aplicarse no de forma automática sino cuando son necesarias. Y este me parece un caso palpable de que no era preciso. Además, debo de confesar que hay dentro de mí un impulso irracional que, por mucha aversión y rechazo que me produzca cualquiera, llegado este momento, una leve, levísima corriente de simpatía me invade. George Brassens lo expresó muy bien en aquella canción en la que decía que cuando veía al alguien correr detrás y a por otro, su primer impulso era ponerle la zancadilla al perseguidor. Es muy posible que se cometa una injusticia, pero en ese momento el impulso –no otra cosa son los impulsos sino reacciones basadas en sentimientos profundos- te hace ver débil hasta al culpable.

Pero este alivio de las esposas se ha visto empañado por el estúpido acto, prepotente y vejatorio, de los cinco dedos de la mano del policía judicial sobre la cabeza de Rato al entrar al coche. ¿Realmente era necesario? ¿Alguien piensa que le protegía de golpearse? ¿Es un reflejo de tanto telefilm americano? ¿Quería salir en la imagen el policía judicial haciéndose notar? Me ha parecido un acto indigno y humillante y hubiera preferido la imagen de las esposas. Puede haber algo de dignidad en esas manos a la vista, con la americana cerrada, la espalda erguida y la actitud firme aunque no desafiante. La dignidad del que se muestra tal y como son las cosas y asume su papel. Y no hay nada insultante en el detenido sujetado por brazos que lo conducen al vehículo. Pero hay un matiz muy diferente en el contacto físico, epidérmico a la vista de todos. Hay algo de violencia y violación en esos cinco dedos sobre la piel de Rato. Siento insultante –casi sobre mí- el tacto de esos cinco dedos sobre nuca y cabeza, que fuerzan, doblegan y humillan.