jueves, 12 de mayo de 2016

I Remember




 

Ejercicio del taller de escritura realizado y que está inspirado en los libros “I Remember” de Joe Braynard y “Je me souviens” de George Pèrec

(1)
Me acuerdo de Marisol, de su pelo moreno y su vestido verde. Y de cuando Jesús y yo íbamos a silbarle al balcón para que bajara a pasear con nosotros, pues era nuestra novia. Tiempos breves de inocencia en los que compartir era más natural que poseer.
(2)
Recuerdo a mi padre abatido mientras los oficiales del Juzgado requisaban los muebles y enseres de la tienda. Con catorce años no podía saber que saltaba de la infancia a la madurez. Aquellos oficiales se llevaron también un tiempo que ya no viviría.
(3)
Me acuerdo de mi madre enferma y esperándote. ¡Cómo se transformaba su rostro sólo con verte! Esa leve sonrisa, en un rostro bellísimo de natural, relucía de serenidad, confianza y de sentirse en buenas manos. La ciencia no ha inventado el medicamento que llevabas contigo, doctor.
(4)
Recuerdo que Jesús acaba de regresar de la India. En una de las esquinas de la ciudad había cantidad de alimentos abandonados. Desaceleró el paso observando la escena y le miré. Y le miré la mirada. Pude distinguir, por un instante, el estupor de la decencia ante la obscenidad más cotidianamente flagrante. Nunca olvidaré esa mirada.
 (5)
Recuerdo que le hablé a Javier de su nueva hermana y estuvimos un rato jugando hasta que lo acosté y le di un beso. Fui a la habitación y me tumbé en la cama. Volví la mirada hacia la tribuna acristalada y vi la radiante farola que, como un centinela, vigilaba la noche. Cerré los ojos. Todo estaba bien. Estefanía había nacido.
(6)
Me acuerdo de que el mejor momento de mis guardias era dar la comida sobrante a los indigentes que venían al cuartel y sentir su gratitud. Aquél día tuve que decirles que no volvieran más. El coronel había ordenado darla a las mulas. Poco después le vi salir. Apreté mi mano al subfusil…
(7)
Recuerdo que la última vez que le vi fue en el metro de Saint Germain. Luego me dijeron que había muerto. Siempre lo imagino perdiéndose entre los túneles y dejándome solo entre los azulejos de cualquier estación parisina.
(8)
Recuerdo mi primera comida de trabajo y la extraordinaria fuente de percebes que nunca había probado. Con el primero en mis manos noté que algo se me  escapaba y, casi instantáneamente, observé que el  apoderado de la empresa se acercaba una servilleta al ojo, destino final de la jugosidad del afamado marisco. Dejé de comer y esperé al segundo plato.
(9)
Recuerdo que empatábamos a 38 puntos; quedaban escasos segundos y tiré de lejos. El balón entró en la canasta y ganamos. Era la primera vez que Jesuitas perdía un partido en su campo. Pude intuir lo que es sentirse héroe.
 (10)
Me acuerdo de que mi amiga Aúrea le regaló el balón Etrusco de Adidas oficial de los mundiales. Javi le dio las gracias, un beso y le dijo que le gustaba muchísimo. Hacía una hora que nosotros también se lo habíamos regalado. Hermoso silencio en un niño de ocho años.

Zaragoza, 11 de Mayo del 2016

 

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